sábado, 11 de junio de 2011

¡El SAC-D ya está en órbita!

El más ambicioso proyecto espacial argentino fue lanzado esta mañana desde la base espacial de Vandenberg, EE.UU., después de diez años de trabajo intenso y en conjunto con la NASA y otras agencias espaciales del mundo.

Sólidamente construído en Bariloche por más de 200 investigadores, científicos, ingenieros y técnicos de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) y de INVAP, una sociedad de capitales privados y del estado de la provincia de Río Negro, el satélite SAC-D/Aquarius viajó en la punta de un cohete Delta II de casi 40 metros de altura y se separó de éste luego de un viaje de 45 minutos en los qué rompió la fuerza de gravedad de la atmósfera terrestre para ubicarse a una distancia de 650 kilómetros de la superficie de la Tierra.

Exultante y de visible buen humor, Cristina Kirchner celebró el lanzamiento y felicitó a quienes trabajaron para que fuera posible. Habló en videoconferencia desde la Casa Rosada. "Qué orgullo ser argentinos. Esto es fruto del esfuerzo de nuestras universidades, del Conicet, de la Conae", comenzó. Enseguida, tras recordar la construcción del Cóndor y admitir el "atraso" que el país arrastra en materia espacial, destacó el rol del Estado en la financiación del proyecto. "Hemos hecho un formidable esfuerzo, hemos puesto recursos. Porque tenemos material humano, pero sin apoyo financiero no alcanza. Con la inteligencia sólo no se puede, se necesita apoyo del dinero", razonó.


 
Hacia el final de su mensaje trazó un curioso paralelo entre el anuncio y la crisis de 2001. "Siento mucho orgullo y esperanza de lo que podemos hacer los argentinos. Hace 10 años lanzábamos piedras, ahora estamos lanzando cohetes y satélites", comparó. Y concluyó: "Esto pasa en la Argentina, la que nos quieren ocultar. Yo los voy a seguir apoyando porque sé que ahí está el futuro de la Argentina. Felicitaciones. Este es un gran día".

El nuevo satélite argentino es un verdadero observatorio del océano, el clima y el ambiente, en el que dentro de una estructura octogonal de aluminio de siete metros de alto y de 1300 kilogramos de peso, "conviven" nueve instrumentos científicos de máxima precisión: el Aquarius, de la NASA, que es un innovador medidor de la salinidad de mares y océanos, dos sensores franceses, uno italiano y cinco construídos en la Argentina.

El satélite, que pertenece al Plan Nacional Espacial 2004-2015, es el más grande y complejo que se haya diseñado y construido en el país, fue desarrollado por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), en cooperación con la Administración Nacional Aeronáutica y Espacial de los Estados Unidos (NASA).

La opinión de los científicos del INVAP. Tulio Calderón, ingeniero nuclear del Instituto Balseiro y gerente de operaciones de Invap, comentó días atrás en una recorrida que realizó lanacion.com en los laboratorios donde se construyó el satélite, que éste constituirá un complejo observatorio climático para la Tierra, ya que podrá medir en una semana la salinidad de los océanos (algo que en la actualidad se realiza durante meses o años) con barcos y boyas de manera parcial, además de emitir alertas tempranas de incendios, inundaciones y erupciones volcánicas, que tantos problemas trajo a nuestro país la última semana con la explosión del volcán chileno Puyehue.

Catalina Salvati, licenciada en sistemas y especialista en la integración del software del SAC-D indicó que el satélite será monitoreado desde la estación terrena de Falda del Carmen, en Córdoba, y luego se sumarán otras alrededor del mundo, que recibirán los datos de lectura que envíe. "El flujo de bits que enviará el satélite es la telemetría de datos que nos sirve para comprobar que todo funcione durante las primera órbitas, y luego los informes científicos que nos ayudarán a estudiar el medio ambiente", explicó Salvati.

Fuente: Diario La Nación

jueves, 2 de junio de 2011

Un satélite argentino, listo para estudiar el cambio climático: ¡cuenta regresiva!

Otro hito en la historia espacial. Es el SAC-D, que se construyó por un acuerdo entre la CONAE y la NASA y será lanzado el 9 de junio desde California, Estados Unidos. Su misión es monitorear e investigar las emergencias ambientales.


Tras varios años de cálculos y experimentación, el satélite SAC-D Aquarius superó todas las pruebas de simulación y está listo para orbitar la Tierra. Será lanzado el jueves de la semana que viene. Fue construido por un convenio entre la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) y el Centro Goddard, el Jet Propulsion Laboratory (JPL), los dos de la NASA. Se trata de un observatorio espacial para el océano, el clima y el medio ambiente, que combina tecnologías para la observación de la Tierra y puede aportar más datos sobre el cambio climático.

Cuenta con ocho instrumentos que miden salinidad y temperatura superficial del mar, velocidad de los vientos, concentración de hielos, detección de buques para control de recursos pesqueros, incendios y volcanes. Cinco fueron desarrollados en el país. El artefacto pesa 1.400 kilos, mide 2,7 metros de diámetro por 7 de largo, con la antena del Aquarius desplegada. Será lanzado desde la Base Vandenberg, Estados Unidos, en Lompoc, California, mediante un cohete lanzador Delta II, el jueves 9 de junio a las 11.20, hora argentina.

 
El satélite SAC-D: detalle de instrumentos (Créditos: CONAE y Clarín)


Sobre esta nueva epopeya espacial, Conrado Varotto, director ejecutivo de la CONAE informa que “se trata de un logro trascendental para la tecnología espacial argentina y el mayor satélite desarrollado y ensamblado localmente bajo el Plan Espacial Nacional. La inversión argentina fue de 60 millones de dólares, mientras que los Estados Unidos, nuestro socio, aportó 260 millones”.

El Aquarius es la pieza principal de este sistema de monitoreo y fue entregado por la NASA. Todos los meses proveerá un mapa mundial de la salinidad superficial del mar. El SAC-D medirá el efecto de la radiación cósmica sobre componentes electrónicos con el Carmen, aportado por Francia, y hará perfiles atmosféricos de temperaturas junto con el Rosa, que llega desde Italia. El SAC-D debe también identificar los puntos calientes en la superficie del suelo, con el propósito de colaborar en la elaboración de una cartografía de riesgo de incendios así como realizar mediciones de humedad del suelo para prevenir, mediante alertas tempranas, inundaciones y otras catástrofes.

Sobre los alcances de la misión, el ingeniero Fernando Hisas, Coordinador del Programa, explica que “estimamos que como mínimo se debe extender por 5 años, ya que todos los elementos que posee tienen una vida limitada. Con respecto al combustible, está preparado para 8 ó 10 años y recargará parte de su energía con paneles solares fabricados por la Comisión Nacional de Energía Atómica (CONEA); no las celdas, que son importadas. Estará a 657 kilómetros de altura con una órbita polar que barre la Argentina de norte a sur. Dará 14 vueltas por día alrededor de la Tierra y el tiempo que transcurrirá hasta que vuelva a pasar por el mismo sitio es de 7 días”.
 
El satélite tiene, además, contribuciones de otras agencias como la Agenzia Spaziale Italiana (ASI), el Centre National d´Etudes Spatiales (CNES) de Francia, la Canadian Space Agency (CSA) de Canadá y el Instituto Nacional de Pesquisas Espaciais (INPE) de Brasil.

Sobre la experiencia de trabajo con la NASA, Sandra Torrusio, investigadora principal en la misión, le comentó a Clarín que “no es fácil, y mucho menos como socios, estar a la altura de sus exigencias. Cada etapa requiere múltiples revisiones y evaluaciones. Son minuciosos y ante la mínima sospecha se vuelve todo atrás”.

Mónica Rabolli, co-investigadora principal se encarga de que los datos estén disponibles con la precisión que se espera. “A partir de los 6 meses se empiezan a recibir los informes. Antes, lo que se hace es una etapa de calibración en donde se intentan validar los datos que se reciben. La expectativa es que la información la obtenga la comunidad científica. Su foco es prevenir emergencias ambientales, y dar síntomas tempranos de actividad volcánica. Aunque no puede ser usado para terremotos. El satélite no requiere ningún mantenimiento, sí se debe hacer un seguimiento cuidadoso para ver si se mantiene en órbita y si los instrumentos operan correctamente”.


Fuente: Diario Clarín y CONAE
 
Nota de AstroSebas:

El SAC-D, como el resto de los satélites argentinos, será monitoreado desde la Estación Terrena Córdoba (ETC) ubicada en el Centro Espacial "Teófilo Tabanera" en la provincia de Córdoba, Argentina. ¡A cruzar los dedos! 

El Endeavour regresó a la Tierra y se despide tras 19 años

Arribó esta madrugada tras concluir su último viaje espacial; irá a un museo de la ciencia de Los Angeles

El transbordador espacial Endeavour aterrizó en el centro espacial Kennedy de Florida tras completar hoy su último viaje. Su llegada marca no solamente el final de la misión de 16 días a la Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés), sino también de la carrera de 19 años del Endeavour.

La nave comenzó a desandar su camino cuando el programa de la NASA se recuperaba de la tragedia por la explosión del Challenger en 1986 y se retira en momentos en que la agencia ha decidido cerrar el programa para centrarse en los vuelos comerciales al espacio y el desarrollo de una flota que pueda recorrer mayores distancias.

Durante su misión final, el Endeavour llevó a la ISS un detector de partículas de alta tecnología con el que los científicos esperan poder obtener mayor información sobre la formación del universo. El aparato, llamado Espectómetro Alfa Magnético 2 y que costó 2000 millones de dólares, ayudará a los científicos en la búsqueda de materia oscura y antimateria.

La tripulación del Endeavour realizó además las últimas salidas al espacio de astronautas de un transbordador. La misión ocupó titulares asimismo porque su comandante, Mark Kelly, está casado con la congresista de Arizona Gabrielle Giffords, quien se recupera de un disparo en la cabeza durante un intento de asesinato este año.

Tras la explosión del Challenger durante su despegue el 28 de enero de 1986, el futuro de los transbordadores quedó pendiente de un hilo. La flota permaneció en tierra dos años y medio mientras se investigaba el desastre. Al final, la NASA decidió sustituir al Challenger con la construcción del Endeavour. El transbordador costó 1800 millones de dólares y se utilizaron piezas sobrantes de otras naves en la fábrica Rockwell International, en California. Estuvo terminado en 1990.

El nombre, Endeavour, fue elegido por los niños en homenaje a la nave con la que hizo su viaje el explorador James Cook en el Pacífico Sur. Durante su primera misión en 1992, el Endeavour rescató un satélite de comunicaciones que estaba atascado. Al fracasar los esfuerzos iniciales, tres astronautas capturaron a mano finalmente el aparato durante una caminata espacial, se le instaló un nuevo motor y fue puesto en órbita.

La nave también realizó la primera misión de mantenimiento en el telescopio espacial Hubble en 1993, resolviendo un fallo en un espejo que había dejado al telescopio casi inservible. La tripulación realizó cinco salidas al espacio en diez días, lo que permitió al telescopio volver a tomar fotografías claras del espacio y proporcionar a los astrónomos información clave sobre los comienzos del universo.

En 1998, el Endeavour transportó el primer componente estadounidense a la ISS, el módulo Unity. Su misión final llevó a su vez el último mayor bloque de la estación, ahora en principio completa tras más de una década de construcción en el espacio. Tras volar casi 161 millón de kilómetros y pasar 294 días en el espacio, el Endeavour descansará en el museo California Science Center de Los Angeles. A la ISS viajará aún otro transbordador, el Atlantis, el 8 de julio, que será el que culmine con los 30 años de historia de las naves.

Una vez cerrado este capítulo, la NASA espera trabajar con proveedores de viajes comerciales para realizar breves misiones a la ISS. Mientras estas naves se contruyen, los astronautas dependerán de las cápsulas rusas Soyuz.
Los transbordadores son los únicos vehículos capaces de transportar piezas muy grandes a la ISS, si bien las naves rusas, europeas y japonesas pueden llevar carga más pequeña.

Fuente: Diario La Nación (Agencias EFE y DPA)

Con la partida del Endeavour se acerca el final de una era espacial

Comienza el acto final

El Endeavour "nació de la tragedia del Challenger", señaló la NASA, en un texto en el que recuerda que la explosión de aquel transbordador, en 1986, llevó al Congreso a autorizar un año después la construcción de otra nave espacial. La NASA anunció este mes que tras esta misión el Endeavour irá a un museo de la ciencia de Los Angeles.

Pero antes de pasar a retiro tiene dos semanas muy ajetreadas por delante. Entre los objetos que viajarán en su bodega hay una caja de repuestos para la Estación Espacial Internacional. Los astronautas realizarán cuatro caminatas espaciales para hacer tareas de mantenimiento. Pero el trabajo de más alto perfil de la misión será instalar un detector de partículas de dos mil millones de dólares, el Espectrómetro Magnético Alfa, en la estructura externa de la Estación, donde permanecerá hasta que sea abandonada, alrededor de 2020 o más tarde.

El espectrómetro es el "niño mimado" de Sam Ting, premio Nobel de Física del MIT. Consiste en un imán gigante y un conjunto de detectores que intentarán encontrar evidencias de la elusiva "materia oscura" que, según se cree, impregnaría todo el universo. El proyecto se ha estado gestando durante casi dos décadas, por lo que Ting y su equipo de colaboradores de 16 países esperan que todo salga bien durante el viaje al espacio después de años transitando por un camino lleno de obstáculos.

Después de la pérdida del Columbia y sus siete astronautas en 2003, el experimento fue retirado del programa de transbordadores y resucitado cinco años más tarde, después de un intenso lobby de Ting. En el último año, Ting mismo fue responsable de otra demora en el proyecto, cuando decidió reemplazar el gigantesco imán superconductor del instrumento por otro más débil. La razón, explicó, es que el imán superconductor requiere helio líquido para mantenerse frío, y el helio se hubiera acabado en un par de años. El imán más débil no requiere líquido congelante y durará tanto como la Estación Espacial.

Fuente: Diario La Nación (The New York Times y AFP)

martes, 10 de mayo de 2011

La puesta en óribita del satélite argentino SAC-D está cerca

El SAC-D Aquarius, construido por la Conae, se pondrá en órbita el 9 de junio, desde Estados Unidos. Es un verdadero observatorio espacial que medirá salinidad del mar, evaluará el cambio climático y podrá detectar pesca nocturna ilegal.


Se completó la revisión final de los sistemas que, desde la estación terrena de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae) en Córdoba, operarán el satélite SAC-D Aquarius, cuya puesta en órbita se prevé para el 9 de junio, desde Estados Unidos. Funcionará como un verdadero observatorio espacial. Entre sus prestaciones se incluirá, por primera vez en la historia de los satélites, la medición de la salinidad de los océanos, que permitirá mapear las corrientes marinas y así evaluar el cambio climático. Otro instrumento monitoreará eventuales incendios o erupciones volcánicas. Otro, que capta luces de baja intensidad en la noche, ayudará a controlar la pesca en el Mar Argentino, e incluso podrá utilizarse para estimar el desarrollo económico a partir de la luminosidad de ciudades, pueblos y caminos. Otro de los aparatos evaluará el efecto de la radiación cósmica sobre aparatos electrónicos, como parte de un proyecto internacional para mejorar la seguridad del instrumental de aeronavegación. Entretanto el satélite argentino SAC-C, cinco años después de la finalización prevista de su vida útil, sigue en uso, aportando datos para la agricultura.

“Aquarius”, porque el principal instrumento que contiene está dedicado al acuario más grande de todos: los océanos. En rigor, “el Aquarius es uno de los ocho instrumentos que componen el observatorio espacial –precisó Sandra Torrusio, investigadora principal de la misión SAC-D Aquarius–: sirve para estimar la salinidad en los océanos. Este dato es importante para trazar modelos climáticos: hasta ahora la salinidad se había medido sólo desde boyas o embarcaciones. Es un dato importante porque el agua más salada es densa y tiende a hundirse, mientras que la menos salada queda en la superficie: esto altera las corrientes marinas, que a su vez afectan la atmósfera”. El Aquarius medirá la sal aprovechando que la superficie del mar emite radiación de microondas y que éstas varían según el grado de salinidad.

El observatorio contará también con una cámara térmica que “monitoreará eventos de alta temperatura, como incendios y erupciones volcánicas: en un volcán que aparentemente haya cesado su erupción, permitirá saber si en realidad sigue en actividad, al medir la temperatura de las laderas –explicó Torrusio–. Si bien el satélite barre todo el globo, cuenta con espejos que permiten apuntarlo por más tiempo hacia incendios o erupciones que se produzcan en territorio argentino”. 

Otra de las cámaras “funciona de noche o con baja luminosidad: se usará para monitorear barcos pesqueros y determinar si están operando en zonas permitidas; también permite estimar el crecimiento económico midiendo la intensidad lumínica de ciudades o poblaciones”, agregó la investigadora.

Otro instrumento “permite recibir datos desde estaciones meteorológicas situadas en lugares remotos, que así pueden operar en forma automática”; otro “estudiará los micrometeoritos y la numerosa ‘basura espacial’ que circula alrededor de la Tierra”; otro “permitirá analizar cómo la radiación cósmica afecta a distintos aparatos electrónicos como los que llevan los aviones, en orden de mejorar la seguridad aérea”, contó Torrusio.

El SAC-D tardará poco más de una hora en dar la vuelta al mundo, en órbita polar: está sincronizado de tal modo que pasará dos veces por día por cada punto del planeta, siempre a las seis de la mañana y a las seis de la tarde hora local. Es resultado de la cooperación entre la Conae y la NASA, de Estados Unidos, con participación de las agencias espaciales de Italia, Canadá, Francia y Brasil. La operación y recepción de datos estarán totalmente a cargo de la Conae.

Con 1341 kilos de peso, siete metros de largo y 2,7 de diámetro, es el satélite más grande y complejo de los construidos hasta ahora en el marco del Plan Espacial Nacional. “El primer satélite de la serie SAC pesaba 200 kilos y el anterior al Aquarius pesaba 500: la diferencia importa si uno toma en cuenta que cada gramo en órbita debe ser justificado por su valor en tecnología y componentes: el peso es indicio de complejidad”, señaló Fernando Hisas, asesor en proyectos satelitales de la Conae. La revisión final se centró en la estación terrena de la Conae en Córdoba, desde donde se controlará el satélite. “Vinieron 40 técnicos de la NASA para participar en la evaluación y la puesta a punto”, contó Hisas. La responsabilidad en la operación involucrará a una nueva generación de profesionales de la Conae.

La siguiente prioridad de la Conae es el proyecto Saocom: consiste en dos satélites, que se pondrán en órbita entre 2014 y 2015 y funcionarán asociados con un grupo de cuatro satélites italianos”, contó Hisas. Los satélites argentinos medirán con alta precisión la humedad del suelo: en vez de instrumental óptico, estos observatorios utilizarán radares, “lo cual les permitirá operar aunque el cielo esté cubierto de nubes”, destacó Hisas. Las mediciones de los Saocon “contribuirán mucho a la productividad agropecuaria, al ayudar a definir, en función de la humedad del suelo, los momentos de siembra o de fertilización. Pero, además, generarán mapas de riesgo de inundación o de incendios: un suelo todavía no inundado pero saturado de humedad, más un anuncio de lluvia, abre un pronóstico de inundación; un suelo extremadamente seco, sin anticipos de lluvia, abre pronóstico de incendio”, explicó el experto en proyectos satelitales.

Entretanto, diez años después de su lanzamiento, todavía sigue en actividad el SAC-C, cuya vida útil prevista no superaba los cinco años: “Sigue haciendo teleobservaciones vinculadas con la productividad agropecuaria, de utilidad para el INTA y empresas”, finalizó Hisas.

El SAC-D Aquarius será lanzado desde la base Vandenberg, en California.


Fuente: Diario Página/12

jueves, 14 de abril de 2011

Rusia celebró los 50 años del hombre en el espacio

Hace medio siglo, el cosmonauta soviético Yuri Gagarin, se convirtió en el primer ser humano en viajar fuera de la Tierra y orbitarla; inauguran una muestra homenaje en Buenos Aires

Rusia celebró hoy con orgullo el 50 aniversario del lanzamiento del cosmonauta soviético Yuri Gagarin, el primer hombre en viajar al espacio. En una conexión de vídeo con la Estación Espacial Internacional, el presidente ruso, Dmitry Medvedev, dijo a los astronautas que la exploración del espacio seguía siendo una "prioridad" para Rusia. "En estos 50 años, no podemos en absoluto imaginar la vida sin el espacio, sin sus vuelos," dijo Medvedev a la tripulación de la estación desde el cavernoso Centro de Control de Misión, que lleva el nombre del padre del programa espacial soviético Sergei Korolyov. "El espacio es nuestra prioridad", añadió. 

El comandante de la estación espacial, Dmitry Kondratyev, dijo que su tripulación actual de seis miembros estadounidenses, rusos y europeos celebraría la fiesta desde las "primeras filas" y sin gravedad. De vuelta a la Tierra, altavoces en las estaciones de metro recordaban a los moscovitas una de las más victorias más estoicas de la Guerra Fría, el vuelo orbital a la Tierra realizado por Gagarin el 12 de abril de 1961. 

"Este vuelo emocionó al mundo entero y mostró de lo que era capaz la humanidad", dijo el veterano cosmonauta soviético Alexei Leonov, de 76 años, que realizó el primer paseo espacial en 1965. "El nos invitó a todos al espacio", agregó Leonov a una sala del Kremlin llena con algunos de los iconos espaciales más atesorados del mundo, citando un homenaje del primer hombre que pisó la Luna, el astronauta estadounidense Neil Armstrong, a Gagarin. Desde el viaje épico de Gagarin a lo desconocido hace 50 años, unas 500 personas lo han seguido al espacio. "Si Yuri Gagarin no hubiera hecho este vuelo, yo no habría volado a la Luna", dijo el astronauta estadounidense Thomas Stafford.

Críticas rusas. Svetlana Savitskaya, quien voló al espacio en 1982 y 1984 y fue la primera mujer que efectuó una caminata espacial, criticó duramente al Kremlin el lunes por prestar escasa atención a las investigaciones espaciales tras el derrumbe de la Unión Soviética en 1991. "No tenemos nada nuevo de lo cual enorgullecernos en los últimos 20 años", parlamentaria por el Partido Comunista. Rusia ha utilizado las naves espaciales Soyuz y Progreso, cuyos diseños se remontan a la década de 1960, para enviar tripulantes y carga a la Estación Espacial Internacional. Su importancia crecerá después que el transbordador Atlantis ponga fin al programa estadounidense y las naves rusas queden como único vínculo con la estación. Sin embargo, Savitskaya y otros cosmonautas advierten que Rusia no ha avanzado en la construcción de un reemplazo para el Soyuz y podía quedar retrasada cuando Estados Unidos construya una nave de nueva generación.

Cápsula vendida. Una cápsula espacial soviética de la época del primer viaje espacial realizado por un ser humano, fue vendida hoy por 2,8 millones de dólares en Nueva York. La nave esférica Vostok 3KA-2 vendida por la subastadora Sotheby's es similar a la utilizada por Gagarin y fue tasada entre 2 y 10 millones de dólares. De pequeñas dimensiones, salió al espacio el 25 de marzo de 1961 con un muñeco de forma humana y un perro llamado Zvezdochka (Estrellita). La cápsula completó una órbita y regresó sin problemas a Tierra con un paracaídas. Su vuelo fue el último ensayo antes del histórico de Gagarin. "Eran naves muy primitivas", dijo David Redden, vicepresidente de Sotheby's. "Aquel que salía al espacio en ellas tenía muchos riesgos de no regresar".

Homenaje argentino. Una muestra fotográfica acerca del primer vuelo tripulado al cosmos, que tuvo como protagonista al piloto militar ruso Gagarin, se abrió hoy en la Ciudad de Buenos Aires. La exposición está organizada por la Sindicatura General de la Nación, la Comisión Nacional de Actividades Espaciales y la Embajada de la Federación de Rusia en la Argentina.

Gagarin, con 27 años, se convirtió en el primer astronauta de la humanidad, cuando un 12 de abril soleado de 1961 partió desde Kazajstan, a bordo de una nave espacial. El joven piloto, que era hijo de un carpintero, fue el encargado de dar una vuelta alrededor de la Tierra en 108 minutos a bordo de la nave Vostok antes de descender en paracaídas en la región de Saratov. En homenaje a ese histórico hecho, se inaugurará una muestra en el subsuelo del Espacio Multiarte-SIGEN, ubicado en Avenida Corrientes 381, que permanecerá abierta hasta el viernes 6 de mayo, con entrada libre y gratuita

 

Fuente: Diario La Nación

martes, 12 de abril de 2011

A 50 años de la llegada del hombre al espacio: "Vámonos, dijo Yuri"

Por Juan Sasturain

Como pasa con la tarde de los dos goles de Diego en el Azteca contra los ingleses, con la muerte de Perón o con el asesinato de Lennon, la noticia del vuelo del ruso Gagarín (sic, con acento agudo), primer hombre en llegar al espacio exterior y volver a la Tierra, quedó pegada para siempre a las circunstancias personales en que nos alcanzó. Todo el mundo sabe dónde y con quién estaba ése o aquel día, qué pensó y sintió en ésas o aquellas circunstancias.

Se cumplen cincuenta años de aquel 12 de abril, en la primavera boreal de 1961. En Coronel Dorrego, donde yo vivía por entonces, empezábamos el otoño y las clases en tercer año del secundario. No recuerdo que le hayamos hecho perder la hora al profe de Física con el tema. Lo que sí, el peluquero Randazzo, uno de los pocos y señalados comunistas del pueblo, aprovechó para aleccionarnos, tijerita en mano, sobre las bondades del socialismo, el progreso científico en la URSS y para repetirnos la famosa (y trucha) declaración del cosmonauta a su regreso: “He estado en el cielo y no he visto a Dios”. Era el mismo impagable Randazzo al que años después –aunque parezca joda, pero es cierto–, en ocasión del asesinato de Kennedy, lo metieron preso... Bah, siempre lo metían. Por las dudas.

Teniendo en cuenta que la TASS –agencia soviética de noticias– manejaba los tiempos y las informaciones con la arbitraria discrecionalidad que dan el monopolio y las siempre listas razones de Estado, no es fácil saber cuántas horas habrán pasado entre el momento en que Yuri tocó la dura tierra siberiana después de algo más de cien minutos de visita al espacio exterior y de dos vueltas a la Tierra, y el momento en que el resto del mundo se enteró. Sólo las necesarias.

Las necesarias para confirmar que no se había estrellado, que el paracaídas había funcionado –aunque no se dijo en el momento: se insinuó que había aterrizado con cápsula y todo...–, que estaba vivo y entero y que, a partir del Sputnik del ’57 y de la perra Laika de dos años después, los rusos sacaban amplia ventaja en la llamada carrera espacial. Que no era ni carrera. La NASA tardaría ocho años en taparles la boca a los soviéticos con el piecito de Armstrong tocando la cara de la Luna en vivo y en directo. Mientras tanto y durante un tiempo, el espacio sería todo rojo.

Hay leyendas oficiales más o menos apócrifas, anecdotario variado respecto del vuelo. Gagarín dio para todo. Ha quedado para siempre la frase enérgica, al prender los motores: “Vámonos”, dijo Yuri. Se usa todavía en aquellos pagos cada vez que hay que darse ánimos al empezar cualquier cosa que implique riesgo o dificultades. Y hay algunas pequeñas historias que son hermosas de pensar. Por ejemplo, que cuando cayó, en una zona aislada de Siberia, las primeras en verlo fueron una vieja campesina y su nieta de cuatro años que, todavía hoy, cuenta la impresión que les produjo la aparición de ese extraño vestido de naranja y con una cabeza inmensa, la escafandra, caído literalmente del cielo. No tenían la menor idea de qué pasaba. Y dicen que él –una vez revelado como persona y como ruso– “pidió un teléfono para comunicarse con Moscú”. Así de precario.

La otra, cotidiana y tan creíble, cuenta que camino de la plataforma de lanzamiento, en el vehículo del ejército que lo transportaba y ya con la pilcha espacial puesta, Yuri pidió que pararan: tenía ganas de mear. Bajó, se arremangó el aislante y ahí nomás, contra la rueda de atrás, como cualquier camionero en la ruta, hizo lo suyo. Desde entonces, todos los cosmonautas soviéticos repitieron el ritual convertido en amuleto.

En realidad, a Yuri, casi toda la porción de suerte que le correspondía se le agotó en ese azaroso viaje que salió tan bien, tan perfecto que ni ellos se lo creían. Al poco tiempo, cuando la fama, el papel de héroe nacional y embajador itinerante de la URSS lo había distanciado de su mujer y acercado a la botella, Gagarín terminó catastróficamente un vuelo corto: fue de la ventana de un hospital al piso, huyendo del escándalo cuando lo descubrieron metiendo mano a una enfermera. Hubo que hacerle plástica y quedó bien: porque era muy pintón, el ruso ejemplar.

El último vuelo fue en un Mig 25 que probaba cerca de Moscú. El 27 de marzo de 1968, apenas siete años después de su hazaña, se precipitó a tierra por razones nunca del todo explicadas. El avión, cayendo en picada, se enterró seis metros en la corteza de la dura patria soviética. Yuri Gagarín tenía sólo 34 años. Y acaso tuvo suerte: por unos meses no llegó a ver cómo los yanquis pisaban la Luna por televisión, lo sacaban de foco pero no de la historia.

Fuente: Diario Página/12